Vidente en Madrid: qué puedes esperar de una consulta
La palabra «vidente» se usa para cosas muy distintas, y algunas son una estafa. Así que voy a explicar qué soy yo exactamente y qué te vas a encontrar si marcas.
Mucha gente escribe «vidente Madrid» en el buscador y acaba aquí. Y me parece bien, porque es la palabra que se usa. Pero conviene aclarar qué hay detrás, porque con ese título se venden cosas muy distintas.
Mi don, dicho sin ceremonia
Uso la palabra don, y también intuición, y no me da vergüenza ninguna. Lo que pasa es que quiero decir con ellas algo bastante más aburrido de lo que dicen los anuncios de madrugada.
Mi don es que se me da bien la gente. Catorce años en una peluquería de barrio escuchando a mujeres contar su vida mientras les subía el tinte, y treinta y tres al teléfono. Noto en los dos primeros minutos si lo que me estás contando es lo que te pasa o es la versión presentable. Eso no es magia. Es oficio, y el oficio se nota más que la magia.
Y no veo el futuro. Soy una guía, y prefiero decirlo yo al principio antes de que lo descubras a mitad de la llamada. Las cartas muestran por dónde van las cosas; quien decide eres tú, y eso no te lo quita nadie.
Qué es lo primero que hago
Escuchar, y no es una frase bonita: es la mitad del trabajo. Abro siempre igual —cuéntame qué te pasa, y empieza por donde quieras— y no interrumpo. Mientras hablas me pongo las gafas y apunto en un cuaderno tres cosas: la fecha, tu nombre de pila y tu pregunta con tus palabras, no con las mías.
Luego hago algo que parece una tontería y es lo más útil de la llamada: repito tu pregunta en voz alta antes de tocar la baraja. Ahí es donde la mitad de la gente dice «bueno, en realidad lo que quiero saber es otra cosa». Y entonces tiramos por esa, que es la buena.
Fíjate en esto cuando llames a cualquiera, aquí o en otro sitio: si te pregunta o si te habla. Quien empieza soltándote una parrafada sobre lo que ve en ti antes de saber cómo te llamas, está recitando. Quien te pregunta y luego se calla, está trabajando.
Lo que vas a tener
- Que te escuche entera antes de tocar las cartas.
- El precio dicho antes de empezar y nada que pagar después.
- Lo que yo vea, incluido lo que no te va a gustar, y dicho con cuidado.
- Ciclos en lugar de fechas: algo que se cierra, algo que se mueve, algo que va para largo.
- Una sola cosa concreta que puedas hacer esta semana.
- Colgar cuando quieras, sin que nadie te retenga.
Lo que no vas a tener
- Una fecha de calendario. No la tengo y no me la voy a inventar.
- La lectura de alguien que no ha pedido la consulta.
- Trabajos, rituales ni limpiezas. Ni de pago ni gratis.
- Diagnósticos. Si lo que traes es salud, te mando al médico y no te cobro la consulta.
- Una llamada mía después. Eso no pasa nunca.
- Consuelo a cambio de que vuelvas a llamar, que es de lo que vive media profesión.
A las cuatro de la mañana nadie tiene fuerzas para quedar bien. Por eso a esa hora las consultas son las buenas.
Una llamada de un miércoles a las cuatro
Marisa, cuarenta y cuatro años, de Alcalá. Lo primero que dijo fue «perdona la hora». Le contesté que el teléfono está abierto justo para esa hora, porque a las cuatro de la mañana nadie llama por curiosidad.
Traía una pregunta sobre su pareja. Estuvimos diez minutos y las cartas no decían gran cosa: había movimiento y poco más. Entonces le pregunté por qué estaba despierta a esa hora un miércoles.
Llevaba cinco meses sin dormir seguido. Su padre estaba malo, ella era la única de tres hermanos que iba al hospital y no se lo había dicho a nadie, ni a su pareja. La consulta era esa.
No volví a tirar. Colgamos con una sola cosa: llamar a su hermano el jueves y decírselo con estas palabras exactas, «necesito que vengas tú el sábado». Eso se puede hacer. Adivinar si su padre se iba a poner bien, no, y además no me corresponde.
En qué momento conviene colgar
Te lo digo aunque me deje en mal lugar algún día, porque vale para cualquier consulta:
- Si no te han dicho el precio en el primer minuto.
- Si te hablan de algo que tienes encima y que se puede quitar pagando.
- Si te dan una fecha exacta.
- Si te meten prisa.
- Si te ofrecen leer a otra persona que no está en la llamada.
- Si notas que la llamada se estira sin llegar a nada.
Y una más, que es mía y no la verás en muchos sitios: si te dicen que no te equivoques de decisión porque las cartas mandan. Las cartas no mandan. Ordenan. Lo he escrito con más calma en qué se ve de verdad en una tirada.
Qué hace falta que me digas
Poco: tu nombre de pila y tu pregunta. No necesito apellidos, ni tu DNI, ni la fecha de nacimiento de nadie, ni el nombre completo de la persona por la que preguntas. Si alguien te pide todo eso para «preparar el trabajo», ya sabes lo que hay.
Y no grabo las llamadas. En el cuaderno queda la fecha, tu nombre de pila y la pregunta tal como la has dicho, y eso es todo lo que existe de nuestra conversación.
Y si aciertas o no
No siempre. Hay consultas en las que doy en el centro y otras en las que me quedo corta, y quien te diga lo contrario, miente. Lo único que te puedo garantizar es lo otro: que no te voy a decir lo que quieres oír para que vuelvas a llamar. Es una garantía pequeña y, mirando el sector, resulta que es enorme. Las tarifas y el horario están en tarifas y contacto.
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