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Tarot y videncia por teléfono. Todos los días, a cualquier hora.

El amor es lo que más me llega, y el desamor lo que mejor hago

Tarot del amor · Madrid

De cada diez llamadas, siete son por alguien. Y de esas siete, la mayoría no vienen a preguntar cómo empezar algo: vienen a preguntar por algo que se acabó, que se está acabando o que no arranca. Ahí es donde yo sirvo.

Dos tazas de café sobre un mantel de lino, una limpia y otra a medias con carmín en el borde, junto a una carta del tarot

Las seis preguntas que más me hacen, y qué contesto

Lo que se lee y lo que no

Las mismas seis, en el mismo orden, desde 1993.
Lo que me preguntasLo que se puede leer ahí
«¿Va a volver?» En qué punto está el vínculo, qué queda sosteniéndolo y qué señales hay de movimiento o de parada. Lo que no se puede leer es la decisión futura de otra persona, y quien te la vende, te la inventa.
«¿Qué siente por mí?» Lo que tú estás recibiendo de esa relación, que no es lo mismo pero es lo comprobable. A quien no ha llamado no le leo las cartas.
«¿Le gusto o me lo estoy inventando?» Cuánta información real tienes y cuánta estás rellenando tú. Esta suele ser la consulta más útil de todas, porque la respuesta casi siempre está en cuánto silencio hay.
«¿Lo dejo o aguanto?» Las dos opciones con lo que cada una te va a costar. Las cartas no eligen por ti, y yo tampoco: eso sería quitarte lo único que es tuyo.
«¿Hay alguien más?» Esto es un hecho, y los hechos no se leen en una baraja. Lo que sí puedo mirar es por qué llevas semanas buscando pruebas, que es una pregunta distinta y más incómoda.
«¿Cuándo?» Ciclos: algo que se está cerrando, algo que se moverá pronto, algo que va para largo. Fechas de calendario, nunca. Si alguien te da un día, cuelga.
Dos manos colocando la tercera de tres cartas del tarot Rider-Waite sobre un mantel de lino, junto a un cuaderno abierto

Desamor: lo que sí se puede hacer con una carta encima de la mesa

Mi especialidad

Hay una diferencia que cambia una consulta entera, y es la que trabajo casi todos los días: no es lo mismo estar de duelo que estar esperando. El duelo duele y avanza. La espera duele y se queda quieta.

Cuando alguien lleva ocho meses mirando la hora de la última conexión, lo que hay debajo casi nunca es amor. Es una postura, y las posturas se agarrotan. Eso sí se ve en una tirada, y se ve rápido.

Y te voy a decir algo que sé de primera mano. En 2007 mi marido se fue de casa y yo hice exactamente lo que hace la gente que me llama: marqué un teléfono de tarot. Estuve casi dos años pagando a un hombre que me repetía cada semana que iba a volver, que había un trabajo hecho, que con un poco más de tiempo. Lo corté el día que me oí preguntando lo mismo por novena vez.

Esperar no es querer. Es una postura, y se agarrota.

Por eso aquí el precio está antes de descolgar, no hay segunda consulta con descuento y yo no te llamo nunca. No es una política comercial simpática: es lo que a mí me habría hecho falta.

Dos consultas de las que me acuerdo

Con los nombres cambiados

La mujer que llamaba los domingos

Una señora de Carabanchel, cincuenta y pocos, me llamó tres domingos seguidos con la misma pregunta sobre un hombre que le contestaba un mensaje de cada cuatro. El tercer domingo le dije que no le iba a leer eso otra vez, porque las cartas me iban a contar lo mismo y ella lo sabía igual que yo.

Se quedó callada y luego me dijo: «entonces no llamo por él». Hablamos media hora de su hermana, con la que no se hablaba desde una herencia. Esa fue la consulta.

El chico que quería una fecha

Un chaval de Vallecas, veintiocho años, quería saber el día exacto en que su ex le iba a escribir. Le dije que eso no lo tengo, y que quien se lo diera le estaría cobrando por una mentira. Se enfadó, y con razón: había llamado buscando alivio y le estaba dando trabajo.

Lo que sí miramos fue qué iba a hacer él mientras tanto, que era lo que estaba en blanco. Volvió a llamar en marzo, y no por ella.

¿Es la primera vez que me escribes?

Entonces la consulta es gratis: me lo cuentas por WhatsApp y te contesto en un audio, sin pagar nada y sin dar datos bancarios.

Lo que cuesta

Tarifas · IVA incluido

Con tarjeta, precio cerrado
15 minutos8 €
30 minutos14 €
60 minutos23 €

Con tarjeta

910 131 124

Eliges los minutos antes de empezar y no se cobra nada más. IVA incluido. Si al colgar sientes que no te ha servido, me lo dices y te devuelvo el dinero.

En tu factura de teléfono

806 008 999

0,42 €/minuto desde red fija y 0,79 €/minuto desde red móvil, IVA incluido. No hace falta dar ningún dato bancario y solo pagas los minutos hablados. Servicio para mayores de 18 años.

Y dos cosas que no cambian nunca: yo no te llamo y no hay segunda consulta con descuento.

Tres dudas que salen siempre

  • ¿Puedes decirme si va a volver?

    No, y quien te diga que sí te está vendiendo tranquilidad a plazos. Lo que sí se lee es en qué punto está el vínculo, qué lo sostiene todavía, qué te está costando a ti la espera y si hay señales de que la cosa se mueve o está parada. Con eso se decide mejor que con una fecha inventada.

  • ¿Puedes leer las cartas de mi pareja?

    No leo a quien no ha pedido la consulta. Es la petición más frecuente y la que hay que saber rechazar: además de no ser correcto, nunca podrías comprobarlo, así que lo único que compras es lo que quieres oír. Te leo a ti dentro de esa relación, que es lo único que puedes mover.

  • ¿Sirve de algo si ya sé lo que voy a hacer?

    Sí, y son las mejores consultas. Cuando alguien ya lo sabe, la tirada no descubre nada: pone en orden lo que ya sabe para que pueda mirarlo de frente. Para eso basta una carta y quince minutos.

Cuéntame lo tuyo

Por donde quieras y con las palabras que te salgan. No hace falta que traigas la pregunta hecha.

O pídeme la primera consulta gratis por WhatsApp

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