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Tarot y videncia por teléfono. Todos los días, a cualquier hora.

Vidente en Madrid: lo que puedes esperar y lo que no

Videncia · por teléfono, 24 horas

Mucha gente escribe «vidente Madrid» en el buscador y llega aquí. Así que voy a explicar qué soy yo exactamente, porque la palabra se usa para cosas muy distintas y algunas son una estafa.

Y aviso de entrada de lo que más se pregunta: no atiendo de forma presencial. Ni aquí ni en ningún barrio de Madrid. Lo cuento entero, con lo que se gana y lo que se pierde, en vidente presencial en Madrid.

Vidente, clarividente, tarotista: qué soy y qué no

Las tres palabras se usan como si fueran la misma y no lo son del todo. Como hay quien busca «videntes en Madrid», quien busca «tarotistas en Madrid» y quien busca «clarividente en Madrid», y todos acaban en el mismo sitio, lo aclaro:

  • Tarotista es lo que soy: alguien que lee unas cartas y tiene oficio con ellas. Es un trabajo, se aprende y se practica.
  • Vidente lo acepto porque es la palabra con la que me buscan, pero con un matiz: no veo el futuro. Leo lo que hay y hacia dónde apunta.
  • Clarividente es la que menos me pega. Se usa para quien dice ver cosas sin ningún soporte, y yo tengo delante una baraja y un cuaderno. Si buscabas eso, que sepas lo que hay en esta casa.

Con las tres pasa lo mismo: importa muchísimo menos cómo se llame quien te atiende que cómo te habla en los dos primeros minutos.

Mi don, dicho sin ceremonia

Uso la palabra don y no me da vergüenza, igual que uso intuición y energía. Pero conviene que sepas qué quiero decir con ellas, porque no es lo que dicen los anuncios de madrugada.

Mi don es que se me da muy bien la gente. La videncia en Madrid está llena de palabras grandes; la mía es bastante más aburrida. Catorce años en una peluquería escuchando a mujeres contar su vida mientras les subía el tinte, y treinta y tres al teléfono. Noto en los dos primeros minutos si lo que me estás contando es lo que te pasa o es la versión presentable. Eso no es magia. Es oficio, y el oficio se nota más que la magia.

Cuando digo que una situación tiene mala energía quiero decir que está viciada: que nadie dice lo que piensa, que llevas meses midiendo palabras. No quiero decir que haya un fluido invisible que se pueda limpiar pagando. Eso es lo que venden los que cobran trescientos euros por una limpieza.

Y no veo el futuro. Soy una guía, y prefiero decírtelo yo antes de que lo descubras a mitad de la llamada.

Lo que vas a tener y lo que no

Sin letra pequeña

SíNo
Que te escuche entera antes de tocar la baraja. Una parrafada sobre tu aura antes de saber cómo te llamas.
El precio dicho antes de empezar, y sin nada más después. «Depende de lo que salga» o «eso lo hablamos luego».
Ciclos: algo que se cierra, algo que se mueve, algo que va para largo. Fechas de calendario, horas, días de la semana.
Lo que veo, también la parte que no te va a gustar. Consuelo a cambio de que vuelvas a llamar.
Una sola cosa concreta que puedas hacer esta semana. «Ten paciencia y confía», que no es un consejo.
Que te derive al médico si lo que traes es salud, y sin cobrarte. Diagnósticos, embarazos, enfermedades, muertes.
Colgar cuando quieras. Una llamada mía después. Nunca te llamo yo.

Una llamada de un miércoles a las cuatro de la mañana

Con el nombre cambiado

Marisa, cuarenta y cuatro años, de Alcalá. Llamó a las cuatro y diez de la mañana y lo primero que me dijo fue «perdona la hora». Le dije que el teléfono está abierto justo para esa hora, que a las cuatro de la mañana nadie llama por curiosidad.

Traía una pregunta sobre su pareja. Estuvimos diez minutos con eso y las cartas no decían gran cosa, la verdad: había movimiento, poco más. Entonces le pregunté por qué estaba despierta a esa hora un miércoles.

Llevaba cinco meses sin dormir más de tres horas seguidas. Su padre estaba malo, ella era la única de tres hermanos que iba al hospital y no se lo había dicho a nadie, ni a su pareja. La consulta era esa.

No le leí las cartas otra vez. Hablamos media hora y colgamos con una sola cosa: llamar a su hermano el jueves y decírselo con estas palabras exactas: «necesito que vengas tú el sábado». Eso sí se puede hacer. Adivinar si su padre se iba a poner bien, no, y además no me corresponde.

A las cuatro de la mañana nadie tiene fuerzas para quedar bien. Por eso a esa hora las consultas son las buenas.

Tarifas

IVA incluido

Con tarjeta, precio cerrado
15 minutos8 €
30 minutos14 €
60 minutos23 €

Con tarjeta

910 131 124

Eliges los minutos antes de empezar y no se cobra nada más. IVA incluido. Si al colgar sientes que no te ha servido, me lo dices y te devuelvo el dinero.

En tu factura de teléfono

806 008 999

0,42 €/minuto desde red fija y 0,79 €/minuto desde red móvil, IVA incluido. No hace falta dar ningún dato bancario y solo pagas los minutos hablados. Servicio para mayores de 18 años.

Y dos cosas que no cambian nunca: yo no te llamo y no hay segunda consulta con descuento.

Tres preguntas sobre esto

  • ¿Cuál es la diferencia entre una tarotista y una vidente?

    En la práctica, y en mi caso, ninguna: la gente busca las dos palabras para lo mismo. Yo leo cartas y tengo oficio de escuchar, que es lo que la mayoría llama intuición. Lo que no soy es alguien que vea el futuro. Soy una guía, y lo digo yo antes de que me lo preguntes.

  • ¿Aciertas siempre?

    No, y quien te diga que sí, miente. Hay consultas en las que doy en el centro y otras en las que me quedo corta. Lo que sí te garantizo es que no te voy a decir lo que quieres oír para que vuelvas a llamar, que es de lo que vive media profesión.

  • ¿Atiendes de madrugada?

    Sí. El 910 131 124 y el 806 008 999 están abiertos las 24 horas, todos los días del año. A esas horas contesto yo o alguna de mis compañeras, que son gente a la que conozco en persona.

Si estás despierta y dando vueltas

El teléfono está abierto. No hace falta cita, ni que sepas todavía qué quieres preguntar.

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